Nuestra historia

INWARDS nació de una pregunta que me acompañó durante años: qué pasa cuando dejamos de buscar todas las respuestas afuera y empezamos a escuchar un poco más lo que nos pasa adentro.

Antes de volver
Durante mucho tiempo, moverme fue mi manera de crecer.

Viví fuera de Argentina más de diez años y, durante ese tiempo, recorrí distintos lugares de Nueva Zelanda, Europa, el Sudeste Asiático y Asia. Viajar me expuso a otras formas de vivir, de relacionarme y de mirar el mundo. Me ayudó a salir de lo conocido, confiar más en mí y descubrir partes de mi identidad que quizá no habrían aparecido si me hubiera quedado siempre en el mismo lugar.

Pero antes de conocer algunos de esos lugares, ya los había pintado.

Así nació Bucket List, una colección inspirada en destinos, experiencias y deseos que todavía no había vivido. El Monte Fuji, la Muralla China y Filipinas aparecieron primero en mis obras, como imágenes de una vida que imaginaba desde lejos.

Con el tiempo, algunas de esas pinturas empezaron a hacerse realidad.

Llegué al Fuji. Caminé por la Muralla. Viajé por Filipinas. Experiencias que habían comenzado como una imagen, una intuición o un deseo terminaron convirtiéndose en parte de mi propia historia.

La colección dejó entonces de ser solamente una lista de sueños. Se transformó en un registro de todo lo que fui animándome a vivir.

Pero el arte no apareció de un día para el otro.

Mi formación como arquitecta siempre estuvo ligada a la forma, el espacio, los materiales y la manera en que las personas habitan los lugares. Durante la pandemia, cuando el mundo se detuvo, la pintura ocupó un lugar mucho más importante. Se convirtió en una forma de procesar lo que estaba viviendo, de sostenerme y de expresar cosas que todavía no sabía decir con palabras.

Después llegaron los tatuajes: otra manera de escuchar historias, traducirlas en imágenes y crear algo íntimo que una persona pudiera llevar consigo.

Arquitectura, pintura, tatuajes, viajes y experiencias personales parecían caminos separados. Recién con el tiempo entendí que todos estaban construyendo lo mismo: una forma de usar la creatividad para acompañar procesos, guardar historias y generar conexión.

Todavía no se llamaba INWARDS. Pero muchas de las ideas que después le darían forma ya estaban ahí.

No tenía una gran respuesta. Tenía curiosidad, intuición y la sensación de que mi camino creativo estaba intentando convertirse en algo más grande que una obra individual.

La vida que construí en Sydney
Sydney no fue una etapa pasajera ni un paréntesis. Fue mi casa durante muchos años.

Ahí construí una vida propia. Aprendí a tomar decisiones sin pedir permiso, a confiar más en mí, a ser independiente y a darle lugar a mi creatividad.

Pero, sobre todo, construí comunidad.

Personas que llegaron desde distintos trabajos, eventos y momentos de mi vida terminaron convirtiéndose en mi familia elegida. Con ellas entendí lo que significa sentirse acompañada estando tan lejos del lugar donde una nació.

Cuando llegó el momento de irme, no estaba dejando solamente una ciudad. Estaba despidiéndome de una vida que había construido con mucho esfuerzo y de una versión de mí misma que no quería perder.

Volver también fue empezar de nuevo
En junio de 2026 volví definitivamente a Buenos Aires.

Estaba el abrazo de mi familia, el cariño de quienes me esperaban y la alegría de volver a encontrarme con muchas personas. Todo eso fue real.

Pero también apareció algo más difícil de explicar.

Volver a un lugar conocido no significó sentirme inmediatamente en casa. Tuve que reconstruir rutinas, vínculos, proyectos y una nueva forma de pertenecer. Había regresado, pero yo ya no era la misma persona que se había ido.

Aparecieron el insomnio, la incertidumbre y preguntas que todavía sigo transitando:
¿Quién soy ahora que volví?
¿Qué partes de la vida que construí quiero conservar?
¿Cómo creo una vida que también se sienta propia acá?

Con el tiempo entendí que estaba atravesando un duelo migratorio. No porque me arrepintiera de volver, sino porque regresar también implica despedirse.

La idea que no se fue
La primera semilla de INWARDS apareció mucho antes de mi regreso.

Desde 2022 venía pensando en la necesidad de crear un espacio donde las personas pudieran hacer una pausa, crear y encontrarse con otras de una manera más genuina.

Durante años fue solamente una intuición. Una idea que volvía una y otra vez, incluso cuando todavía no tenía un nombre, un modelo de negocio ni una forma concreta.

Cuando regresé a Buenos Aires, esa necesidad se hizo más evidente.

Empecé a mirar a mi alrededor y a reconocer algo que también veía en mí: mujeres adultas, rodeadas de personas y responsabilidades, pero con pocos espacios propios. Mujeres atravesando maternidades, separaciones, migraciones, duelos, cambios profesionales o simplemente la sensación de haberse alejado un poco de sí mismas.

No faltaban actividades. Faltaban lugares donde una pudiera llegar sola y no sentirse fuera de lugar.

Por qué comunidad
Lo que más me sostuvo durante mis años lejos de Argentina no fueron solamente los lugares que conocí. Fueron las personas.

Por eso INWARDS no nació como un taller ni como una colección de actividades.

Nació con la intención de construir comunidad.

Las experiencias creativas son la puerta de entrada. Nos dan algo para hacer con las manos, ayudan a bajar la exigencia y permiten que las conversaciones aparezcan de una manera más natural.

Pero el verdadero valor está en lo que puede suceder alrededor de la mesa: sentirse recibida, conocer a alguien, compartir un momento sin tener que explicar demasiado y empezar a reconocer un lugar al que una quiera volver.

Por qué arte
El arte siempre fue para mí una forma de procesar lo que todavía no sabía decir.

Nunca me acerqué a una pintura buscando hacer una obra perfecta. Me acerqué para explorar, para ordenar emociones, para guardar una sensación o para entender algo un poco mejor.

En INWARDS, la creatividad no se plantea como talento ni rendimiento. No importa si alguien sabe pintar, modelar o bordar.

El arte funciona como un lenguaje común.

Una manera de estar presentes, probar algo nuevo y permitir que las manos avancen mientras la cabeza descansa un poco.

Lo que estamos construyendo
INWARDS empieza por encuentros en grupos pequeños, realizados en espacios seleccionados, donde crear, compartir y volver a conectar con una misma.

Con el tiempo, esa comunidad podrá tener una casa propia: INWARDS House.

Pero no quiero empezar por un edificio. Quiero empezar por las personas.

Por una mesa compartida.
Por una mujer que llega sola y se siente bienvenida.
Por una conversación que aparece mientras las manos están ocupadas creando.
Por la posibilidad de volver.

INWARDS no nació porque yo ya tuviera todas las respuestas.

Nació porque entendí que algunas preguntas se transitan mejor acompañadas.

— Daniela Serpero, fundadora